¿Qué es la salvación?

Este no es un libro de ética medioambiental. De la ética, referente al medioambiente u otros asuntos, haremos mención cuando convenga, pero como consecuencia, no como causa. …

La gran preocupación de la iglesia es la salvación, y desde el punto de vista bíblico, salvación significa en definitiva la creación sanada. La promesa de Dios es oír los lamentos de la humanidad, que él «los sanará» (Is 19:22). Dios anuncia: «¡Paz a los que están lejos, y paz a los que están cerca! y promete «Yo los sanaré» (Is 57:19). «¡Vuélvanse, apóstatas, y los curaré de su infidelidad!» (Jer 3:22). Cuando el pueblo de Dios de veras vuelve a Dios, él promete: «restauraré su tierra» (2Cr 7:14). Justamente, la Biblia promete «un cielo nuevo y una tierra nueva» (Is 65:17; 66:22; 2 P 3:13) restaurados. Recordamos que en el Antiguo Testamento la palabra para paz es shalom, la cual equivale a bienestar total: un pueblo saludable en una tierra floreciente.

Sanar el mundo: estas son las buenas nuevas de Isaías 6:9-10 que Jesús se adjudicó a sí mismo, proclamando que si la gente se vuelve a él «los sanaría» (Mt 13:15). Jesús era el Gran Sanador. Sus milagros curativos señalaban poderosamente la presencia del reino de Dios; la restauración de la creación. Jesús envió a sus discípulos «a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos» (Lc 9:2). Cuando hablaba del reino de Dios, en efecto, hablaba de la curación, la clase de paz y curación que sólo él puede prometer y dar verdaderamente.

Desde luego, el evangelio es también justificación por la fe, expiación, perdón y nuevo nacimiento. Pero la verdad mayor, la que incluye todos estos aspectos es curación, sanación completa, restauración de la creación. En el libro de Apocalipsis, las hojas del árbol de la vida «son para la salud de las naciones» (Ap 22:2). El profeta Isaías dice del Mesías: «Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, … traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados» (Is 53:4-5). «Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados» (1 P 2:24). Joel Green lo pone claramente cuando dice que es una metáfora admirablemente idónea para expresar la naturaleza de la salvación en los escritos bíblicos: «De las Escrituras mismas, tenemos una perspectiva completa sobre la salud humana en el mundo y en relación con Dios, así como también maneras bien desarrolladas de identificar la enfermedad que se extiende como cáncer en toda la familia humana, minando incluso el mundo que los humanos llamamos hogar». Desde este punto de vista, la curación no permite la categorización de la persona o su salvación en «partes», como si la vida interior y la exterior pudieran separarse. Más aun, en sentido significativo, la curación no nos permite pensar en la restauración de individuos como si fuera de uno a la vez, sino que nos obliga a incluir en nuestras categorías a la comunidad humana y, en efecto, el cosmos. La gente no se salva separadamente del mundo que la rodea. Para la curación, la responsabilidad recae sobre todo en el poder e iniciativa de Jehová, el que sana, y en Jesús, el coagente de Jehová, por medio de quien el beneficio renovador de Dios está disponible. Finalmente, la metáfora de la curación es una invitación al pueblo de Dios no sólo a que reciba los buenos dones de Dios de la salvación, sino a que también sea agente curativo, y una comunidad de compasión y restauración.

¿Cómo y cuándo se realiza esta curación? Estos son asuntos que debemos indagar.

Fragmento de la Introducción, pp. 11-13.

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