Dios como artista

Pero Dios no solo es Creador. No solo da origen a la vida desde la nada. La gran justificación bíblica de la existencia del arte es que Dios es el primer artista. Según Génesis 1, Dios reconoció lo bueno de su obra en cada día de la Creación y, al terminar todo su trabajo, contempló «todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!» (Gn. 1:31). La Creación del universo es una muestra de la libertad divina. Como sugirió Chesterton, el Creador es como un niño que juega y se emociona; ese acto creativo, no obligado por nada ni nadie, fruto directo de la pasión y la libertad divina, inicia la historia universal. La satisfacción que Dios encuentra en su Creación nos da la pauta de la importancia espiritual que tienen el arte y el juego, dos valores fácilmente olvidados en la vida religiosa. Las obras de Dios no son meramente funcionales ni responden solo al motivo de la utilidad. También contienen y valoran la belleza. Dios tiene un interés por hacer sus obras de manera estética. Desde la fe cristiana, esa es la mejor explicación de la variedad de especies animales, la diversidad de flores, rocas, minerales y formas en la naturaleza, las diferencias entre los rostros, las infinitas combinaciones de copos de nieve, las siempre nuevas huellas digitales, el espiral de Fibonacci. Todas esas cosas son inútiles, no hay un motivo funcional para que sean como son. La exuberancia y excentricidad de la naturaleza apuntan al carácter artístico de Dios porque «la única excusa para hacer una cosa inútil está en que uno mismo la admire intensamente».

Si hay una voluntad detrás de la Creación, si lo creado no es únicamente utilitario, si en el mundo hay belleza inútil y Dios mismo se tomó el trabajo de que esa belleza perdurara, entonces podemos decir con bastante seguridad que estas cosas tienen un sentido en sí mismas.

En la base de la teología cristiana, el Padre de las luces es quien hace obra de artista, y junto con ello comienza la historia universal. Los teólogos han reflexionado mucho sobre el deseo divino de imprimir belleza en su creación.

Orígenes, uno de los Padres de la iglesia que más contribuyó a la comprensión de la verdad bíblica, afirmaba que el arte viene de Dios y que buscar su presencia es también un camino estético. Marsilio Ficino, sacerdote y filósofo del siglo XV, profundizaba esta idea al decir que Dios es el artifex, el mayor artista, el único que crea realmente. El ser humano, detrás de sus pasos, solo capta el reflejo de la belleza primera y desde ese lugar modifica, talla su escultura sobre la escultura divina original. La creación se convierte así en el medio ofrecido por el Creador para ser glorificado, amado y reconocido por sus criaturas.

Fragmento del cap. 3: ¿Qué dice la Biblia sobre el arte?, p. 40.

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